Document Type

Article

Journal/Book Title/Conference

Decimonónica

Volume

4

Issue

1

Publisher

Decimonónica

Publication Date

2007

First Page

36

Last Page

51

Abstract

En mayo de 1810, el cabildo de Buenos Aires sancionó su autonomía frente a una España políticamente decapitada y encaró la construcción de un orden capaz de superar la crisis de legitimidad legada por la administración colonial tras las invasiones inglesas. Entonces, la fuga del Virrey y la respuesta de los vecinos habían debilitado la autoridad tradicional y, a la vez, estimulado la capacidad local de organización y defensa. Habían quedado abiertos el desafío de su recomposición y la disputa por su conducción política. La decisión autonomista agudizó los problemas de gobernabilidad al interior de la crisis del orden colonial y frente a los vacíos de conducción y liderazgo que experimentaba. A partir de entonces, la Revolución de Mayo buscaría responder al imperativo de contar con una institucionalidad cuya normativa caracterizase y regulase su frágil orden político. El debate surgido revisaría la trayectoria del colonialismo y terminaría reafirmando su continuidad en torno a Buenos Aires como su centro articulador. El problema volvió a aparecer en la Asamblea de 1813 y motivó, en 1815, el llamado a un congreso para el año siguiente. Si bien no fijó un marco normativo, esta instancia buscó suturar la fisura política en la trayectoria del colonialismo hispano en el Río de la Plata al redactando, firmando y declarando en Tucumán la independencia de las Provincias Unidas en Sud América, el 9 de julio de 1816. En ese texto, el Congreso de Tucumán fijó una política del nombre propio en relación con el cual narraba la emergencia de una nueva comunidad política, postulaba su genealogía y proyectaba su despliegue histórico.1

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