Document Type

Article

Journal/Book Title/Conference

Decimonónica

Volume

12

Issue

1

Publisher

Decimonónica

Publication Date

2015

First Page

17

Last Page

32

Abstract

Una de las consecuencias más destacadas de los cambios políticos, económicos y sociales que acontecieron en España a lo largo del siglo XIX fue, sin duda alguna, el auge y la consolidación de la burguesía. Entre los rasgos más identificativos de esta nueva clase social sobresale la cursilería, o el afán por presumir de unos usos y costumbres carentes y propios de los sectores sociales más adinerados. Este fenómeno, tras afianzarse en esta clase media, se extiende hasta la aristocracia y el pueblo llano. En el último cuarto de siglo la cursilería se convierte en una cualidad específica de gran parte de la sociedad española, obstinada en aparentar la pertenencia a un nivel social siempre mayor y practicar unos modales distinguidos a través de medios tan diversos como la vestimenta o la asistencia a tertulias, las funciones teatrales o los paseos. La popularidad de la cursilería fue tal que pronto comenzó a plasmarse en las obras literarias de la época, apareciendo tanto en los géneros menores (por ejemplo, en la novela de folletín o en las parodias teatrales), como en las novelas de grandes escritores tales como La Regenta, de Leopoldo Alas (“Clarín”), La de Bringas, de Benito Pérez Galdós, o El cisne de Vilamorta, de Emilia Pardo Bazán. Precisamente, es en la producción literaria de esta última autora donde la cursilería cobra un papel protagónico, dado que su posición aristocrática como condesa le permitió ser una observadora privilegiada de las aspiraciones y entresijos sociales del momento, lo cual manifestó tanto en su producción ficcional como en la ensayística.

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